viernes, 8 de febrero de 2013

Las buenas causas hacen más fáciles los sacrificios.


“Mi hermano aguantó quimio terapia por nueve meses y nunca dejó de luchar”.
“Mi hijo sufre de dolor todos los días solo queriendo caminar por los problemas crónicos en sus articulaciones”.
“En mi pueblo hay personas que no tienen qué comer”.

Estos son solo algunos de los pensamientos de personas que en cualquier momento participan en eventos de resistencia. Su motivación para terminar, o sencillamente comenzar a entrenar para terminar un evento específico, viene dada por el dolor, el sufrimiento o la necesitad de algún familiar, amigo o comunidad y solo quieren sufrir algo en carne propia para solidarizarse con este individuo o causa, pero a la vez, hacen un trabajo de recaudación de fondos que pueda llevar algo de ayuda económica a las investigaciones para la cura de cierta enfermedad o para ayudar directamente al individuo o la causa.

Recuerdo claramente un entrenamiento de bicicleta en grupo, donde íbamos por la Autopista de las Américas hacia el este y que nos disponíamos a montar 100 kilómetros. No es ni la distancia, ni lo que pudimos haber gozado aquel día en este paseo dominical lo que me hace recordarlo, fue una pregunta, o varias preguntas  referentes al mismo tema, que estuvieron en mi cabeza ese día.
¿Por qué hago todos estos kilómetros? ¿Por qué haces todos estos entrenamientos? ¿Para qué haces estos eventos? Las respuestas lógicas y anteriores a ese día eran: Porque me gusta. Para poder completar el evento de buena forma. Por el reto personal y la satisfacción de terminarlos. Todas son respuestas muy ciertas y que no han cambiado hasta el día de hoy, sigo disfrutando tratar de llegar más lejos y ponerme metas que tal vez creía inalcanzables en algún momento, pero la pregunta era un poco más profunda, era ¿qué SIGINIFICADO tiene hacer todo esto? o ¿qué haces con todos estos kilómetros? Esas preguntas se quedaron dando vuelta en mi cabeza hasta que un día encontré la respuesta que de verdad quería para ellas.

Thais Herrera estaba terminando la preparación para su primer Maratón de Nueva York y leyendo la página del maratón algunas semanas antes, vio que habían algunas opciones para correr por causas diferentes, ella, siendo Directora de la Fundación Futuro Posible, se preguntaba, ¿qué puedo hacer para correr por mi fundación? o ¿cómo lo puedo hacer?, la pregunta me la hace a mí y yo en ese momento le digo que me explique qué hace la Fundación, ella no sabe que ya tengo todo un plan elaborado que solo le faltaba la causa adecuada, y dentro de Futuro Posible la encontré. Cuando terminó de explicarme, le dije que se fuera a correr su maratón y que a su regreso le iba a presentar mi plan, ya que si lo hacía antes de correr el maratón le podía hacer daño todo lo que le propondría, ella ya más o menos conocía como yo pensaba y entre miedos y risas prefirió hacerme caso y hasta ahí se quedó la conversación.

2011 kilómetros en eventos en un año, se convirtieron en Kilómetros por la Educación y los kilómetros de más satisfacción que he tenido hasta el día de hoy.

La respuesta era muy simple en realidad, yo quería aportar de alguna manera a mi comunidad y todos esos kilómetros de entrenamientos y competencias podían servir de alguna manera, entonces las preguntas ahora eran, qué causa será la que más me motiva y qué hacer. La causa se aclaró cuando Thais me explicó bien lo que hace la Fundación Futuro Posible en el tema de educación infantil, donde existe un programa que va mucho más allá de arreglar planteles y lavarle la cara a locales, se hace un trabajo a consciencia de mejorar la educación en aquellas escuelas que son intervenidas por la Fundación.
A mi el tema educación en República Dominicana me estaba dando en la cara desde hacía mucho tiempo, solo tenemos que salir a manejar a nuestras calles para ver que no se cumplen con leyes ni reglas, no hay sentido común, no se respeta a los demás, y esto tiene un origen, la falta de educación en el hogar y en las escuelas primarias de nuestro país, por esto sin lugar a ninguna duda, para mí la causa principal de muchos, si no de todos nuestros problemas como nación, es la mala educación que reciben el mayor porcentaje de niños dominicanos, en su hogar y en las escuelas, llegar a todos los hogares es difícil pero podemos hacer algo desde las escuelas.

El qué hacer ya tenía tiempo pensándolo, el plan estaba elaborado y sencillamente se convirtió en Kilómetros por la Educación.
La idea era, sigue siendo, que las personas que participan en eventos de resistencia aporten de un peso a todos los pesos que quieran, por los kilómetros que recorren en sus competencias, que lo hagan de sus bolsillos o animen a familiares y amigos a donar por sus kilómetros y que estos los pasen a las labores que hace la Fundación Futuro Posible.
Pero había un problema, teníamos que buscar una manera para introducir y dar a conocer este proyecto, y lamentablemente y voluntariamente tenían que aparecer dos protagonistas que hicieran algo un poco fuera de lo común, que impactara en los eventos y las personas a las que iba dirigido el proyecto para ayudar a difundir la idea. El lamento fue porque nos toco a Thais y a mí.
Se tomaron los calendarios de eventos locales de carreras pedestre, triatlones, nados de aguas abiertas, bicicletas de montaña y se escogieron tres eventos internacionales en el que ese año participarían una buena cantidad de dominicanos, el resultado, sumaríamos 2011 kilómetros en competencias y en el camino iríamos explicando cuál era el motivo y pediríamos que se nos unieran a sumar.
Thais y yo en la meta del Medio Maratón Punta Cana 2011

El reto deportivo tenía una dificultad mayor en la forma en que estaban distribuidos los eventos que en la cantidad de evento en sí, cosa que no controlábamos nosotros, ya que las fechas estaban ahí y teníamos que participar, al final se completaron veinticinco, eso nos llevó en momentos picos a hacer dos eventos en un mismo día cuando solo hacía una semana habíamos participado en un maratón fuera del país, definitivamente el cansancio de tanto entrenar, competir y viajar se sintió en algún momento, pero la motivación de hacer lo que se hizo era diferente esta vez, había una causa mayor y más importante que la satisfacción personal.

Los 2011 kilómetros se cumplieron, tenía que ser, en el maratón de mis amores el de Nueva York, carrera a la que no regresaba desde mi único fracaso y donde todo comenzó, a este venía bastante cansado por haber participado en un medio iron la semana anterior, pero esta carrera, la meta que en ella se lograría y el grupo de dominicanos que corrimos ese año, la hicieron la más especial de todas.

El proyecto Kilómetros por la Educación ha ido evolucionando de la manera esperada, gracias al apoyo que recibimos de tanta gente desde su principio.
Todos pueden ser parte de este, por favor únete. www.kilometrosporlaeducacion.org


Pon tu meta y ponle una causa para que sea más bonito llegar a ella.

Yo sigo corriendo tras mi meta y mis kilómetros se suman por la educación dominicana.

JLM

lunes, 28 de enero de 2013

Excusas son solo eso, excusas, si de verdad quieres hacer algo lo haces.


Por lo regular luego una persona corre su primer maratón, y a pesar de tal vez haber pensado mil veces durante la carrera que nunca más se vuelve a meter en ese lío, queda una euforia e inmediatamente al otro día solo estás pensando en correr el próximo, comienzan los planes y sin darte cuenta ya estás anotado y preparándote para este. Sin embargo, una vez se está entrenado para el próximo evento, en algunos casos, se comienza a sentir que no es igual que el primero, no hay el mismo ánimo, lo que hace que el entrenamiento sea más pesado y definitivamente esto hace la experiencia un poco más dura. Yo siempre he dicho que respeto a toda persona se atreve a entrenar para un maratón, obviamente para todo lo que sea más largo que este también, y es porque el evento es la fiesta, el entrenamiento es el trabajo, y dicen por ahí que por algo nos pagan para trabajar, pero al que entrena para un maratón por amor a terminarlo no le pagan.
Esta experiencia más dura que la primera ya crea una predisposición para un tercer asalto a esta tortura de entrenamiento, aclaro que esto le pasa a mucha gente, no a todos, pero en mi caso si sucedió.

Luego de mis dos primeros maratones, en mi vida personal y laboral hubo un cambio importante, cambio de trabajo, mucho más horas y días laborando, una cultura diferente de trabajo, esto definitivamente hizo que mi tiempo y forma de vida fuera del trabajo cambiara radicalmente, por lo que correr y entrenar era más difícil, mientras me adaptaba corrí muy poco, pero nunca dejé de correr, ni de amar correr más lejos, ni de relacionarme con mis amigo corredores, corría cualquier evento más corto que el maratón y sin muchas pretensiones, pero tenía la EXCUSA perfecta cada vez se hacían planes en el grupo para ir a correr un maratón, “no tengo tiempo para entrenar para un maratón con este trabajo”. Pasó el año 2000 y el 2001 y mi excusa seguía siendo "válida" mientras yo la decía y quería creérmela, pero un día, y tenía que ser precisamente mientras corría unos pocos kilómetros, pasé frente a la oficina de una línea aérea, dentro de ella vi a todos mis amigos que estaban arreglando los pasajes para el maratón al que se disponían a viajar esa semana, yo claro que sabía ellos iban porque siempre estaba en contacto con todos ellos, pero no fue hasta ese momento de verlos tan contentos ahí dentro, y yo sentirme fuera, que algo pasó dentro de mí, ¿envidia? sí, sentí mucha envidia de no estar o viajar con mis amigos a disfrutar de algo que yo amaba tanto, recuerdo que me pasé la corrida completa solo pensando en eso y al día siguiente les escribí un correo a todos ellos deseándoles la mejor de las suerte en su viaje y carrera, y les prometí que no me quedaba para el próximo.

El próximo maratón al que fueron mis amigos era ese mismo año que los vi en aquella oficina de la línea aérea, me inscribí, entrené y terminé mi Maratón Marine Corps.

¿Sucedió algo diferente en mi trabajo o vida cuando decidí correr el maratón que me permitió entrenar para este?  NO, por el contrario, creo hasta más trabajo y más responsabilidades se agregaron a mis labores, pero sencillamente yo quería ir a correr ese próximo maratón y de paso disfrutarlo con mis amigos.

Las excusas son el camino fácil para no hacer algo, cuando de verdad queremos hacerlo siempre hay una manera.

¿Tienes una excusa que no te está permitiendo llegar a tu meta?

Yo sigo corriendo tras mi meta y las excusas no están permitidas.

JLM   

jueves, 17 de enero de 2013

La peor experiencia puede ser la mejor enseñanza.


 Para  participar en un evento de resistencia, puede ser carrera, triatlón, ciclismo, nado, carrera de aventura, de uno o hasta de mil kilómetros, lo normal es que antes del evento tengamos un  entrenamiento, horas de dedicación y esfuerzo, en ocasiones de dolor, hacemos el compromiso con ese evento que nos lleva a sacrificar horas con nuestras familias y con nuestros amigos, también hay un costo monetario, inscripción, viaje, la alimentación adecuada durante los entrenamientos, etc.  Pero no importa que tan bien nos preparemos físicamente, siempre existe la posibilidad de que no podamos terminar el evento. Una lesión, una enfermedad, un accidente, una falla mecánica, pueden de alguna manera impedir que completemos el evento en el que estamos participando, estas son frustrantes de alguna manera, ya que después de meses de preparación y tanto sacrificio vemos como nuestro cuerpo falló y no pudo más, nuestro equipo falló o el destino nos hizo una mala jugada, de estos eventos nos vamos resignados por nuestra mala suerte, pero no tenemos mucho más que podamos hacer, solo recuperarnos y comenzar de nuevo.

Existe otro factor que en ocasiones impide que terminemos aquel evento para el que tanto trabajamos, pero este mismo factor es el que puede casi por sí solo hacer que consigamos cualquier meta nos propongamos, es la MENTE.

En el año 2003 llegaba yo a la ciudad de Nueva York para participar de nuevo en el maratón, pero esta vez contrario a mis experiencias anteriores, llegaba con un pesar o tal vez una predisposición con la carrera, había tenido un año muy bueno de entrenamientos y mejorado todos mis tiempos, por lo que quería poder hacer mi maratón más rápido hasta esa fecha, pero sí, el haber entrenado sin descanso desde el año anterior me traía algo cansado y era la excusa que estaba guardada en la parte trasera de mi mente. Recuerdo me peguntaron al llegar a Nueva York cómo me sentía y respondí que cansado y que posiblemente ese era mi último maratón, que iba a descansar de los entrenamientos. Llegó la carrera y salí a correr a la velocidad que tenía programada, pero nunca me sentí bien con el paso y desde un principio estaban todos los pensamientos negativos cruzando por mi mente, recuerdo haber luchado para llegar a la marca del medio maratón y cuando llegué a esta la pisé como si ya hubiera llegado a la meta, de ahí en adelante no sabía si quería seguir corriendo o no y antes de los treinta kilómetros ya estaba montado en el tren que me llevaba a la meta a recoger mi bulto.
¿Por qué me salí de esta carrera? ¿Estaba enfermo o lesionado? Definitivamente no estaba ni enfermo, ni lesionado, sencillamente las presiones de querer cumplir una meta especifica enfermaron mi mente y esta cedió ese día. Desde el momento que me salí de la ruta ya me remordía la consciencia, pero cuánto más al otro día, cuando veía orgullosos a todos los que terminaron su maratón caminando torcidos y medio cojos con su medalla al cuello en la ciudad de Nueva York, “NUNCA MAS  me saldré de una carrera mientras mis dos pies puedan caminar”, fue lo que me dije ese mismo día.

El año 2010 me encontraba tendido en la grama  del área de transición, resignado a que no saldría a correr ni completaría mi carrera, escuchaba las voces de muchas personas que me animaban a seguir, pero ya yo había tomado mi decisión durante la etapa de ciclismo, yo no puedo más, no voy a correr.
Estaba participando en el Half Iron República Dominicana en Punta Cana, habíamos cumplido la etapa de natación, fue dura, bastante dura, y mis tiempos no fueron para nada buenos, pero en el mar las condiciones siempre son diferentes y el tiempo no define un buen o mal nado, el que había salido del agua con el grupo de personas que regularmente salgo, me decía en ese momento que hice mi nado lo mejor que pude. De ahí pasamos a la etapa de ciclismo y desde el principio se tenía que hacer mucho esfuerzo ya que estábamos a contra viento, por lo que asumía la dificultad era lo normal para las circunstancias, sencillo me decía yo, hoy será un día duro, a eso tenía que agregarle que hacía el calor más infernal en el que jamás había competido y solo eran las diez de la mañana, faltaban unas cuantas horas para terminar mi carrera. Al transcurrir la etapa de ciclismo, fuera de las condiciones climatológicas, yo no me sentía con fuerzas y lo que yo temía lo confirmaba el hecho de que todos me iban rebasando en la bici, personas que yo sabía no montaban como yo me rebasaban fácilmente, ya para la mitad de esta etapa solo una afirmación que una vez hice me mantenía montando, y es que las personas que hacemos estos eventos somos algo caco duro y no damos nuestro brazo a torcer fácilmente, y yo siempre había jurado que en un ironman y mucho menos en un medio iron, no había forma que  no terminara la etapa de ciclismo, algo estúpido, pero en este momento era lo único me mantenía pedaleando, pero mi compromiso mental era que tan pronto me desmontara hasta ahí llegaba, porque en realidad no sabía que pasaba con mi cuerpo pero me sentía sumamente mal. Desde que me desmonté iba resignado y lentamente a mi lugar en la transición donde me tiré, pero todo era como una pesadilla o una película, me pasaban tantas cosas por la cabeza por el conflicto interno de retirarme de una carrera que parecía algo de otro mundo, escuchaba las voces de las personas, pero era como si yo estaba en un cuarto cerrado, sentado y tendido en la grama el debate mental era el lógico, tú no te puedes salir, yo no puedo más, tú juraste que nunca más te saldrías de un evento, te dije que no puedo más, ¿cómo te vas a sentir cuando todos estén celebrando que terminaron y tú de cobarde te quedaste tendido en la grama?
……….era ya pleno medio día en Punta Cana y los galones de agua me iba echando arriba de todo el cuerpo en cualquier oportunidad que tenía mientras corría, se evaporaban en cuestión de segundos  como por arte de magia, estaba cerca de llegar a mi meta e inclusive había dejado atrás algunos de los que me rebasaron en la etapa de ciclismo.


Pleno medio día Half Iron RD 2010
Terminé esta carrera donde en un punto me dije no podía más, no hice ni cerca lo que pretendía hacer en términos de tiempo, pero luego de recupérarme era el más feliz de todos los que terminaron ese día.

Los días siguientes a la carrera pude darme cuenta qué pasaba con mi cuerpo aquel día, tenía un virus dentro de mí que me mantuvo en cama por unos días.

Muchas veces nuestros objetivos secundarios nos desvían del principal que es llegar a la meta.

El Maratón de Nueva York del 2003 sigue siendo hasta la fecha el único evento que no he terminado y después del Half Iron del 2010 nunca he vuelto a pensar que no terminaré durante un evento.

¿Cuál es la verdadera meta quieres lograr?

Yo sigo corriendo tras mi meta.

JLM

jueves, 10 de enero de 2013

En búsqueda de la Meta


Era el 1980 cuando por primera vez en nuestro país se transmitía por televisión y en vivo el Maratón de Nueva York, yo, amante de todos los deportes, me preparé para verlo como cualquier otro de los eventos deportivos que teníamos oportunidad de ver, nunca esperando que la experiencia significara tanto para el resto de vida.

Ya comenzada la carrera no pude quitarme del frente de la televisión, como si un imán me tuviera pegado a ella, viendo  la gente corriendo, la mucha gente corriendo, y a la vez preguntarme por qué ellos corren tantos kilómetros y por qué yo no puedo dejar de verlos. Ya después de dos horas de carrera comenzaban los primeros a llegar a la meta, y claro, estos eran los más celebrados por los narradores ya que eran los ganadores, y ellos mismos celebraban exhaustos el logro, pero lo que más me llamó la atención, fue que a medida seguían entrando a la meta las personas celebraban más que los ganadores. Hablamos de treinta dos mil y tantas celebraciones de mujeres y hombres de todas las edades, esto de inmediato me hizo preguntar, ¿por qué yo no puedo ser uno de ellos si yo también puedo correr? y  con la inocencia del niño, y tal vez con el subconsciente de quien soy, me juré que algún día yo sería uno de ellos.

Correr siempre fue parte de mis actividades y mis entrenamientos, jugué muchos deportes, competí para ganar en todos ellos, y el Maratón de Nueva York se convirtió por años en esa gran meta que algún día haré que muchas personas tienen, pero casi nunca cumplen. Lo veía año tras año en la televisión y se daba siempre el mismo fenómeno, me fascinaba ver las personas corriendo y  no podía dejar de verlo ni por un segundo, y ya era una rutina, esa tarde salía a correr lo que para mi eran muchísimos kilómetros, si mal no recuerdo no pasaban de tres o cuatro, imaginándome corriendo en las calles de Nueva York y tratando de llegar a la meta.

Ya un hombre casado, con hijos y luego de haber competido en muchos deportes, correr seguía estando en mi vida como el ejercicio que me permitía sudar, sentirme bien y el de más fácil acceso,  por lo que salir a trotar unos cuantos kilómetros dos a tres veces por semana se convertía en el deporte que se quedaba en mi vida.
Un día recibí la invitación de mis dos mejores amigos a participar en una carrera de cinco kilómetros, sin pensarlo dije que sí y a correr fuimos, no fue una muy grande ni muy celebrada, pero para mi fue el despertar del amor a querer llegar a la meta y esa meta era finalizar el Maratón de Nueva York.

El querer correr el Maratón de Nueva York (puede ser cualquier maratón) te hace dar cuenta de una gran realidad, NO vas a ganar el maratón de Nueva York, y fue ese el atractivo y enseñanza que me estaba dando esta carrera desde el primer día que la vi. Yo acostumbrado a competir y querer ganar, quería participar en un evento donde no iba a ganar, sencillamente quería terminar, pero ahí solo comenzaba la enseñanza. No es hasta cuando entrenas para tu primer maratón y lo terminas que te das cuenta que ganar no es necesario para poder decir que llegaste a tu meta.



En 1998 corrí y terminé mi primer maratón de Nueva York. Fue la experiencia deportiva más espectacular y satisfactoria que había tenido en toda mi vida. Primero vivir aquella carrera que tanto significaba para mí y segundo haber logrado una meta que me había costado tanto esfuerzo y sacrificio, algo que no comparaba con las satisfacciones de aquellos triunfos que pude tener en los deportes que tanto competí y sin embargo en esta no gané la carrera.


El experimentar este sentimiento de lograr esa meta que tanto cuesta se convierte en algo que nos invita a querer seguir haciéndolo y mientras más tenemos que trabajar y más difícil es la meta muchísimo más nos llena.



¿Tienes tú una meta que quieres conseguir con todas tus ganas?



Yo sigo en busca de la meta.



JLM