jueves, 17 de enero de 2013

La peor experiencia puede ser la mejor enseñanza.


 Para  participar en un evento de resistencia, puede ser carrera, triatlón, ciclismo, nado, carrera de aventura, de uno o hasta de mil kilómetros, lo normal es que antes del evento tengamos un  entrenamiento, horas de dedicación y esfuerzo, en ocasiones de dolor, hacemos el compromiso con ese evento que nos lleva a sacrificar horas con nuestras familias y con nuestros amigos, también hay un costo monetario, inscripción, viaje, la alimentación adecuada durante los entrenamientos, etc.  Pero no importa que tan bien nos preparemos físicamente, siempre existe la posibilidad de que no podamos terminar el evento. Una lesión, una enfermedad, un accidente, una falla mecánica, pueden de alguna manera impedir que completemos el evento en el que estamos participando, estas son frustrantes de alguna manera, ya que después de meses de preparación y tanto sacrificio vemos como nuestro cuerpo falló y no pudo más, nuestro equipo falló o el destino nos hizo una mala jugada, de estos eventos nos vamos resignados por nuestra mala suerte, pero no tenemos mucho más que podamos hacer, solo recuperarnos y comenzar de nuevo.

Existe otro factor que en ocasiones impide que terminemos aquel evento para el que tanto trabajamos, pero este mismo factor es el que puede casi por sí solo hacer que consigamos cualquier meta nos propongamos, es la MENTE.

En el año 2003 llegaba yo a la ciudad de Nueva York para participar de nuevo en el maratón, pero esta vez contrario a mis experiencias anteriores, llegaba con un pesar o tal vez una predisposición con la carrera, había tenido un año muy bueno de entrenamientos y mejorado todos mis tiempos, por lo que quería poder hacer mi maratón más rápido hasta esa fecha, pero sí, el haber entrenado sin descanso desde el año anterior me traía algo cansado y era la excusa que estaba guardada en la parte trasera de mi mente. Recuerdo me peguntaron al llegar a Nueva York cómo me sentía y respondí que cansado y que posiblemente ese era mi último maratón, que iba a descansar de los entrenamientos. Llegó la carrera y salí a correr a la velocidad que tenía programada, pero nunca me sentí bien con el paso y desde un principio estaban todos los pensamientos negativos cruzando por mi mente, recuerdo haber luchado para llegar a la marca del medio maratón y cuando llegué a esta la pisé como si ya hubiera llegado a la meta, de ahí en adelante no sabía si quería seguir corriendo o no y antes de los treinta kilómetros ya estaba montado en el tren que me llevaba a la meta a recoger mi bulto.
¿Por qué me salí de esta carrera? ¿Estaba enfermo o lesionado? Definitivamente no estaba ni enfermo, ni lesionado, sencillamente las presiones de querer cumplir una meta especifica enfermaron mi mente y esta cedió ese día. Desde el momento que me salí de la ruta ya me remordía la consciencia, pero cuánto más al otro día, cuando veía orgullosos a todos los que terminaron su maratón caminando torcidos y medio cojos con su medalla al cuello en la ciudad de Nueva York, “NUNCA MAS  me saldré de una carrera mientras mis dos pies puedan caminar”, fue lo que me dije ese mismo día.

El año 2010 me encontraba tendido en la grama  del área de transición, resignado a que no saldría a correr ni completaría mi carrera, escuchaba las voces de muchas personas que me animaban a seguir, pero ya yo había tomado mi decisión durante la etapa de ciclismo, yo no puedo más, no voy a correr.
Estaba participando en el Half Iron República Dominicana en Punta Cana, habíamos cumplido la etapa de natación, fue dura, bastante dura, y mis tiempos no fueron para nada buenos, pero en el mar las condiciones siempre son diferentes y el tiempo no define un buen o mal nado, el que había salido del agua con el grupo de personas que regularmente salgo, me decía en ese momento que hice mi nado lo mejor que pude. De ahí pasamos a la etapa de ciclismo y desde el principio se tenía que hacer mucho esfuerzo ya que estábamos a contra viento, por lo que asumía la dificultad era lo normal para las circunstancias, sencillo me decía yo, hoy será un día duro, a eso tenía que agregarle que hacía el calor más infernal en el que jamás había competido y solo eran las diez de la mañana, faltaban unas cuantas horas para terminar mi carrera. Al transcurrir la etapa de ciclismo, fuera de las condiciones climatológicas, yo no me sentía con fuerzas y lo que yo temía lo confirmaba el hecho de que todos me iban rebasando en la bici, personas que yo sabía no montaban como yo me rebasaban fácilmente, ya para la mitad de esta etapa solo una afirmación que una vez hice me mantenía montando, y es que las personas que hacemos estos eventos somos algo caco duro y no damos nuestro brazo a torcer fácilmente, y yo siempre había jurado que en un ironman y mucho menos en un medio iron, no había forma que  no terminara la etapa de ciclismo, algo estúpido, pero en este momento era lo único me mantenía pedaleando, pero mi compromiso mental era que tan pronto me desmontara hasta ahí llegaba, porque en realidad no sabía que pasaba con mi cuerpo pero me sentía sumamente mal. Desde que me desmonté iba resignado y lentamente a mi lugar en la transición donde me tiré, pero todo era como una pesadilla o una película, me pasaban tantas cosas por la cabeza por el conflicto interno de retirarme de una carrera que parecía algo de otro mundo, escuchaba las voces de las personas, pero era como si yo estaba en un cuarto cerrado, sentado y tendido en la grama el debate mental era el lógico, tú no te puedes salir, yo no puedo más, tú juraste que nunca más te saldrías de un evento, te dije que no puedo más, ¿cómo te vas a sentir cuando todos estén celebrando que terminaron y tú de cobarde te quedaste tendido en la grama?
……….era ya pleno medio día en Punta Cana y los galones de agua me iba echando arriba de todo el cuerpo en cualquier oportunidad que tenía mientras corría, se evaporaban en cuestión de segundos  como por arte de magia, estaba cerca de llegar a mi meta e inclusive había dejado atrás algunos de los que me rebasaron en la etapa de ciclismo.


Pleno medio día Half Iron RD 2010
Terminé esta carrera donde en un punto me dije no podía más, no hice ni cerca lo que pretendía hacer en términos de tiempo, pero luego de recupérarme era el más feliz de todos los que terminaron ese día.

Los días siguientes a la carrera pude darme cuenta qué pasaba con mi cuerpo aquel día, tenía un virus dentro de mí que me mantuvo en cama por unos días.

Muchas veces nuestros objetivos secundarios nos desvían del principal que es llegar a la meta.

El Maratón de Nueva York del 2003 sigue siendo hasta la fecha el único evento que no he terminado y después del Half Iron del 2010 nunca he vuelto a pensar que no terminaré durante un evento.

¿Cuál es la verdadera meta quieres lograr?

Yo sigo corriendo tras mi meta.

JLM