lunes, 18 de agosto de 2014

Pico Duarte expreso.



“Salimos mañana a las 6:00 p.m. hacia la Ciénaga, nos paramos a cenar en Jarabacoa, el sábado nos despertamos a eso de las 4:00 a.m., a ver si arrancamos a correr a las 5:00 a.m., subimos, bajamos y regresamos a Santo Domingo.”

 Hace dos años subí por primera vez el Pico Duarte. En aquella oportunidad se hizo de la manera que la mayoría de las veces se hace, es decir, llegas jueves a la Ciénaga, ahí se duerme, viernes sales temprano hacia Compartición, ese día duermes allá, sábado subes al Pico y vuelves a bajar a Compartición y el domingo bajas a la Ciénaga para el retorno a Santo Domingo.

Desde aquel momento quería intentar hacerlo en un día, pero muchas cosas se iban interponiendo en el camino y no acababa de ir.

 Subir y bajar el Pico Duarte en tres y dos días es una experiencia lindísima y demandante, no me mal entiendan, ni tampoco vayan a creer que la decisión o las ganas de querer hacerlo en un día es algo que tomé a la ligera y sin respetar el reto. Tampoco vayan a creer que es algo que se me ocurrió a mí por primera vez, ya muchas personas lo han hecho, entre ellos varios amigos míos. Pero es de esos retos que uno se pone en la vida, como querer correr tus primeros 10k, el primer maratón, etc. Además de que para los que nos gusta correr en el monte es un entrenamiento excelente.

Después de muchas fechas previstas para ir a hacerlo que se iban cancelando, por fin el pasado fin de semana se dieron las condiciones y sin pensarlo mucho en cuestión de horas se armó un viaje y nos fuimos. Varias personas querían ir, algunos no pudieron y al final Thais, Daniel y yo fuimos los únicos que hicimos el viaje.

 “Daniel, nos vamos a parar en Jarabacoa a cenar, ahí nos juntamos y seguimos para la Ciénaga” 

 Daniel es un amigo Colombiano que vive en Jarabacoa, creo ya conoce el Pico más que Duarte, tan pronto le dijimos que íbamos para allá, canceló todo lo que tenía y se apuntó con nosotros.

 Una nota al margen y para que conste en el acta. ¿Qué creen que cenamos?  Pizza por supuesto.




 Salimos un poco tarde de Santo Domingo, eso hizo que nuestra llegada a la Ciénaga se produjera hasta casi las doce de la media noche. Nos hubiera gustado llegar un poco antes, solo para dormir y descansar alguito más, pero total, en la Ciénaga solo vas a dormir, no encontrarás muchas cosas que hacer, además, solo estaba el cuidador del parque cuando llegamos. Arreglamos lo poco que teníamos que preparar para el otro día. Nuestras mochilas con la comida, hidratación y ropa necesaria para el viaje, preparamos nuestras camas y a dormir.

 La experiencia de dormir en la Ciénaga me encanta, pero la experiencia de ir una vez, y otra, te va enseñando qué necesitas para hacerla más placentera. La primera vez que dormí allá solo tenía mi sleeping bag. Me gustan las camas duras, pero el piso después de un rato se va poniendo más duro de la cuenta. Esta vez llevé un pequeño colchón, que junto al sleeping bag, el aire acondicionado central del lugar, el sonido del río que tienes junto a tu cama y el desayuno servido en la cama, parecería que Travelwise organizó el viaje, por lo bien y cómodo que dormí.


Habitación de lujo.

Nos despertamos a las cuatro de la mañana, desayuno en la cama, vestirnos, recoger, baño y a las cinco y quince comenzamos nuestro viaje.

 Desde la Ciénaga a los Tablones encuentras el tipo de camino soñado de cualquier corredor, tiene una pequeña inclinación y algunos repechitos, el piso es tierra mayormente, a esa hora oscuro, con tu linterna y el fresquito de la mañana, quisieras que nunca termine, pero eso dura muy poco, son unos cuatro a cinco kilómetros y ya en más o menos media hora hemos terminado. De Tablones al Alto de la Cotorra ya todo es subida y el terreno cambia drásticamente. En esta oportunidad lo que encontramos fue casi todo arena floja, ya que están haciendo unos trabajos de acondicionamiento del camino. Cuando digo arena floja, es que se te hundían los pies en ella. Lo bonito de correr o caminar en monte y montañas, es que el camino que hiciste ayer, lo puedes encontrar completamente diferente mañana, hoy es arena, mañana piedras, pasado lodo o hasta puede convertirse en un riachuelo. En esta ocasión fue arena en este tramo. De ahí hasta la Laguna estaba como más o menos siempre lo he visto, siempre con algo de piedras, peeeeero de Laguna hasta Compartición, eso es pasando EL Cruce y Agüita Fría, la cantidad de piedras sueltas que encontramos, al menos yo nunca la había visto así. Entiendan que esta es solamente la tercera vez que voy al Pico.


Amanecer mientras subíamos.


Como la subida es tan empinada no te das cuenta qué tantas y sueltas están las piedras. Mientras subes solo vas sufriendo, sudando, respirando hondo y tratando de entender por qué se te ocurrió inventar venir a esto o haberte dejado engañar a subir al Pico. No es en vano que desde el Cruce hasta Agüita Fría esta subida lleva el sobre nombre del Arrepentimiento.
Ya pasada Agüita Fría que tienes que bajar la conocida Vela hasta Compartición, es que de verdad me doy cuenta de lo sueltas y muchas piedras que este día nos tiene. Queríamos aprovechar todas las bajadas para apresurar el paso, pero hacerlo era casi una locura, ya que podíamos causarnos algún accidente. No sé cuántas veces me doble los tobillos. Por esto optamos por sencillamente ser cautelosos y no arriesgar.

 Las dos veces que había venido, fue como ya les expliqué. Un primer día de caminata que subimos hasta Compartición y ahí nos quedábamos a descansar hasta el otro día, por lo que aquí entraba en la experiencia desconocida que este día venía a vivir. Al principio de este camino hay un trillito corto, tal vez de un kilómetro, de lo más cómodo y corrible que presenta todo el camino. Es bastante estrecho y tiene unos pajones a sus dos costados casi todo el trayecto. Estaban bien tupidos, y el roce de ellos por mis canillas iba haciendo que el ardor fuera subiendo. Creo voy a presentar mi queja con el director del parque para que le llame la atención al jardinero que no está haciendo su trabajo de podarlos correctamente.

Terminado este corto trillo comienza el ascenso hacia el Valle de Lilís. Una cosa es despertarte descansado en Compartición, desayunar bien, y luego partir hacia el Pico, y otra es que hagas esta subida directo desde La Ciénaga. Está claro que no fue una sorpresa que iba a ser tan dura en esta oportunidad, pero de verdad la sufrí bastante.

Creo no les había dicho que a Daniel le vi la espalda por última vez cuando íbamos corriendo hacia los Tablones y creo en algún lugar él tomó el teleférico que te lleva a la cima del Pico, yo no lo encontré. Les digo esto ahora, porque comenzando nosotros a subir esta loma ya él venía bajando. ¡Bárbaro!, subió en cuatro horas y veintiocho minutos. Cuando sea grande quiero ser como él. Lo felicitamos cuando nos cruzamos y seguimos nuestro camino.



Daniel en la cima.
Una vez en Lilís, tuve la oportunidad de sentarme y respirar un par de minutos en lo que Thais llegaba. La pena fue que llegó muy rápido. Les dije que me dio duro esta loma ¿verdad? De aquí a la cima del Pico son los mismos 1.2 kilómetros de siempre, pero esta vez parecieron cinco. Yo la verdad iba en el camino “casi” seguro que era el correcto, porque no hay otro, pero hasta creí que en vez de a Duarte iba a encontrar a Sánchez o a Mella en la cima de este Pico.


Así me encontró Thais cuando llegó al Valle de Lilís.

Por fin llegamos, y como siempre, es tan agradable estar en esta cima y tan lindo el lugar, que hace que se nos olvide por un momento lo que hemos sufrido. De las veces que subí, nunca me había dado cuenta que Duarte no tiene piernas. Venía subiendo esperando que él me prestara las suyas para yo poder bajar. Si no lo recordaban, tenemos que bajar todo de nuevo y por el mismito camino. Pero antes déjenme descansar y almorzar.














 Luego del merecido descanso comenzamos a descender. En teoría debes bajar mucho más rápido de lo que subes, pero esa teoría quiero se la expliquen a las piernas y el cuerpo que ya está cansado. Sí bajamos bastante bien hasta Compartición, considerando el cansancio, pero tuvimos nuestro respiro de veinte minutos antes de hacerlo, aun así al llegar a Compartición veníamos bastante calientes y la sed que teníamos nos decía que no nos habíamos hidratado bien durante el día. Aprovechamos para rellenar las botellas de agua y de paso me tomé 60 onzas creo de uno o dos tragos. Recuerdan los pajones, sí, esos que hacían que me ardieran las piernas, los pasamos de nuevo. Agua fría en las canillitas me pusieron muy contento.

La primera vez que viene al Pico estuve en una charla donde nos explicaban que este es un parque nacional y debemos cuidarlo y no sacar nada de él. Pido excusas públicamente, porque tres bichos salieron conmigo cuando me fui de allá, me los tragué mientras bajaba.

 El tercer día de un viaje normal al Pico, como les conté al principio, es partiendo de Compartición hacia la Ciénaga, donde decimos que es bajando, porque la única subida del día es con la que comienza el camino y es la conocida como La Vela. Esta señora, bien descansado, bien alimentado y fresquecito es bastante manejable, en esta oportunidad creo le agregaron muchos kilómetros y le pusieron la pendiente más inclinada. En realidad creo se hizo una remodelación en el Pico y nadie me informó, porque todo estaba más largo y más duro. La esperanza y la “suerte” era que completada esta, desde Agüita Fría, es todo para abajo y mi recuerdo de este camino es bajando corriendo y brincando obstáculos y gozando hasta llegar abajo.

Mejor ni pregunten, con el cansancio y como estaba el camino, no sé las piernas de ustedes, pero las mías no querían correr. En realidad no eran solo las piernas, era la parte cuerda que me queda en el cerebro, que me decía claramente que era mejor llegar unos minutos más tarde abajo que romperme un hueso, un diente o la cabeza, por lo que en un punto desistimos de querer apretar el paso y caminamos lo mejor que se podía.

Ya pasado el Cruce y casi llegando a La Laguna sí se podía avanzar un poco más rápido y una vez en la Cotorra se podía correr, pero enterrando los pies en la arena que había, cosa que hizo se nos llenaran los tenis de arena y cometiera el segundo error del día. No me saqué la arena de los tenis al llegar a Los Tablones, y en la corridita final hasta la Ciénaga eso hizo que la abrasión de la arena entre los dedos y en los talones, me sacaran las ampollas que nunca había tenido en mis pies.


Desde que pasamos El Cruce, en mi cabeza habían dos cosas, el baño sentado en el rio y un hamburguer. Llegamos a La Ciénaga y Daniel nos recibió con la cara de felicidad de quien ya se bañó, descansó y se comió un plato de arroz, habichuelas y pollo guisado. Nosotros solo queríamos meternos en ese rio y comer algo salado. Todo lo que habíamos comido en el día era dulce, pero unos platanitos en el primer colmado que encontramos después de bañarnos resolvieron ese problema. Además nos aguantaban el estómago hasta llegar al hamburguer en Jarabacoa.



Salimos de Santo Domingo el viernes a las 7:00 p.m. y ya estábamos de regreso el sábado a las 9:30 p.m.


Me duelen los músculos de las piernas, también los tendones de los tobillos, algunos dedos de los pies están en carne viva y estoy caminando medio raro, pero no me cambio por nadie.



JLM


Algunos datos adicionales.


-La distancia de la Ciénaga a la cima del Pico es de 22.55 kilómetros.

-El Pico Duarte es el punto más alto de todo el Caribe a unos 3,087 metros sobre el nivel del mar.


Alimentación del día.


Desayuno: Un bagle pequeño con mantequilla de maní y mermelada de guayaba y un Gatorade de uva de 20 onzas.

En el camino: cinco geles energéticos, un paquete de gomitas energéticas, cinco pastillas de sal, 20 onzas de Gatorade y aproximadamente 250 onzas de agua.

El almuerzo en la cima: Otro bagle pequeño con mantequilla de maní y mermelada.


*El primer error del día, fue la poca hidratación. En dos ocasiones tenía una sed insoportable, cosa que ya es mala señal. Para otro asalto contra el Pico, aumentaría al doble todo lo que consumí, además de llevar algo salado para comer y cambiarle lo dulce al paladar.


martes, 8 de julio de 2014

Western States 2014…. no pudo ser.


La realidad es que no tengo ganas de escribir sobre algo que me ha creado una gran frustración pero tal vez ponerlo en blanco y negro sirva para desahogarme. Además mi doctor todavía me tiene en reposo total y estoy un poco aburrido sin poder entrenar.


 La idea formal de correr Western States me surge hace dos años, desde entonces vengo entrenando y haciendo eventos con miras a poder lograrlo. Una vez inscrito, trabajé y entrené mucho durante ocho meses para prepararlo y tratar de completarlo.


 En Octubre del año pasado visité por primera vez en mi vida un fisiatra, ya que vine de mi última carrera con una lesión en la rodilla derecha. Lo único que motivó esa visita no era la lesión, era resolver el problema lo más pronto posible, porque quería hacer Western States 2014. Esto se lo hice saber muy bien al Dr. Guzmán Landolfi y sencillamente se hizo todo lo necesario para tratar de comenzar a entrenar formalmente y fuertemente desde Febrero.
Las tres terapias semanales de caliente/frio y ultra sonido, con sus respectivos ejercidos de fortalecimiento del área, más el hielo diario fueron la norma por los próximos dos meses. Además mientras no podía correr, sí comenzamos con un programa de fortalecimiento físico que era y sería muy necesario para un reto como este. Tres días más de mi semana eran dedicados a que Davianty me maltratara en el gimnasio y luego completara la sesión de ejercicio nadando para hacer algo de aeróbico.
13,000 mil ejercicios de pierna.

Las noticias a principio de Diciembre fueron todas muy buenas. Lo primero y más importante, estaba aceptado en la carrera, no me lo podía creer. Segundo, la evaluación que le hicimos a la rodilla en esos días decía que todo estaba muy bien, por lo que podría comenzar a correr en Enero, un mes antes de lo que en principio pensamos.
Para no abundar mucho, de Enero hasta el 21 de Junio, lunes y miércoles iría al gimnasio a fortalecer el cuerpo, sobre todo las piernas y principalmente mis cuádriceps. Para esto hice alrededor de trece mil repeticiones de ejercicios específicos para los músculos de las piernas. Martes, jueves, algunos viernes, sábados y domingos serían para correr. Los fines de semanas muchos kilómetros, llegando a sumar hasta unos cien divididos en tres días y donde mis corridas normales de un domingo siempre estaban por las cuatro horas o más. Hicimos hasta un viaje a Constanza para correr en terreno más montañoso y también buscando mejor clima. 


El equipo antes de salir a correr en Constanza.
Todos los domingos en la tarde Nicolás se encargó de darme un masaje de descarga muscular y la respectiva terapia en la rodilla derecha, para poder estar a punto el lunes y volver a repetir la rutina.  Y ME APLIQUE HIELO EN LA RODILLA DERECHA TODOS LOS DIAS DESDE QUE EL DR. GUZMAN ME VIO POR PRIMERA VEZ EN OCTUBRE.


A finales de los entrenamientos, TODO mi equipo de apoyo entendía que debía hacerme una evaluación médica para garantizar que todo estaba bien con mi cuerpo y no tendríamos sorpresas ni nada que lamentar en la carrera. En el Centro Cardiovascular de Cedimat se encargaron  de evaluarme y todo estaba en buen estado.

Otro aspecto que teníamos que tomar muy en cuenta en un evento como este, era el protocolo de alimentación durante el evento, para esto debíamos saber cuál era mi gasto calórico por hora y de esta manera ver cómo lo íbamos a reponer. De esto se encargó el Dr. Benjamín Payano.  El número fue 700 calorías por hora, si lo quieren saber. 


Con todo el trabajo hecho y todos los puntos afinados partimos el 25 de Junio hacia Squaw Valley en California. Yo iba a cumplir un sueño y al lugar que más quería estar en el mundo entero. Dicen María (mi esposa) y Manuel, que cuando llegamos a Squaw yo salté del carro que ellos ni saben cómo lo hice, en verdad no lo recuerdo ni sé que hice, pero parece que estaba muy contento.


Acabados de llegar a Squaw Valley.


 No sé cómo dividir la experiencia o escribirla, porque hay dos novelas envueltas, una buena y otra muy mala.


Vamos primero con el cuento de hadas o la buena, como si nada malo estuviera pasando.



Llegamos a Squaw y lo primero es que estamos donde queremos estar, tenemos todos los ánimos del mundo por la carrera y toda la experiencia que conlleva este evento. Estamos en la carrera más importante de Ultra Trail del mundo y eso se nota durante todo el fin de semana, es fuera de serie y punto y aparte contra las demás. Además Squaw Valley, el lugar de la largada, es espectacular, el paisaje hay que verlo. Si salté del vehículo de la alegría cuando llegamos, cuando vi el lugar de la línea de salida creo hasta se me aguaron los ojos, y no porque fuera la más impresionante que haya visto, sino porque la verdad es que la primera vez que vi y supe de este evento no creí  posible que iba a poder estar allá.


Línea de salida a nuestra llegada.

El viernes, día antes de la carrera, día de registro de corredores, día del congresillo previo y presentación de corredores, es el Disney World del mundo del ultra trail. Desde temprano estamos todos compartiendo en el área de salida y nadie se quiere ir de ahí. Además ese día se hace un fun run de 6k hacia la cima del punto más alto de la carrera, en la que Wendy y Manuel participaron y nosotros nos quedamos debajo disque esperándolos, pero la verdad es que estábamos como en el paraíso disfrutando del ambiente.


Humberto y Luima, los que serían mis pacers.



Con Wendy y Manuel cuando terminaron de correr.

Aquí también nos reencontramos, conocimos y compartimos con atletas que admiramos. Como fue el caso de Pam Proffitt Smith, la campeona defensora. La responsable de que hiciera todos los ejercicios para las piernas, por una guía que escribió de cómo pudo ganar el año anterior.


Le digo mi amiga del millón de squats. Encantado de conocerte Pam.

En la tarde vamos al congresillo y ahí nos dan las últimas instrucciones, ahí tuve el placer de conocer al responsable de que exista esta carrera, y por ende que exista el ultra trail, el Sr. que decidió hacer esta carrera corriendo en vez de montado en un caballo. Gordy.



Con Gordy. 

De ahí ya es hora de que me vaya a descansar y el equipo aprovecha para ir a comprar las provisiones necesarias para el otro día. Luego de unas horas tratando de dormir algo, me paro de la cama y preparo todo lo que usaré durante la Carrera. Cuando llega el equipo solo afinamos las instrucciones  y salgo a cenar para ya terminar mi día y venir a tratar de dormir.

La alarma está para las 3:00 a.m., la partida es a las 5:00 a.m., pero los números y chips los entregan desde las 4:00 a.m. y además se realiza un nuevo pesaje.


Suministros para la carrera.


Ya a las 4:00 a.m. el ambiente contagia adrenalina, está frio pero no tanto como en ocasiones puede ser, no hay nieve en el tope de la montaña, será una carrera con buen clima dentro de los estándares de Western States. Estamos todos locos por salir a correr y nuestros familiares y amigos hasta con más animo que nosotros, nos despedimos y listos, fuera.


En el lobby del hotel, 4:46 a.m. Luima, Wendy, Davianty, María, Manuel, Humberto, los quiero de corazón.



 Vamos con la versión mala del evento.

Hay tantos factores que se combinan cuando vamos a un evento de esta magnitud donde además hay que hacer un viaje tan largo, que saber interpretar las diferentes sensaciones se hacen un poco difícil, por eso no supimos hasta el último momento qué nos pasaba.

Tan pronto llegamos a Squaw, fuimos a una charla para que los equipos supieran cómo llegar a los diferentes puntos y comportarse en esos lugares, de ahí fuimos a almorzar y luego vimos por primera vez la línea de salida. Después fuimos a descansar para luego ir a correr un poco y aflojar las piernas, ya que teníamos dos días viajando y ya el cuerpo necesitaba calentarse. Desde ese almuerzo algo comenzó a estar mal, nunca pude hacer bien la digestión, al punto que salí a correr y me detuve y fui a descansar de nuevo, dos horas más tarde salí a trotar y me fue mejor, pero no tanto. Comenzamos con las conjeturas, que me había caído mal el almuerzo. ¿Pero en serio, que pizza me caiga mal a mí?. Eso no está registrado en ningún archivo lógico ni posible, pizza nunca me puede caer mal a mí. También pensamos que la altura donde nos encontrábamos podía ser un factor, etc.

El viernes por la mañana al despertar, siento una molestia/dolor en el hombro derecho, esta fue empeorando durante el día, a todo el lado derecho, hombro, espalda y costado, al punto que de ese lado no podía acostarme. Entre las especulaciones, una era que hice algún esfuerzo cargando alguna maleta, pero mientras fuera un brazo y no las piernas, eso no era lo que me iba a detener. También tenía un pequeño dolor en la parte interna de la rodilla izquierda, este no era molesto para nada, pero un dolorcito al fin. Otra pequeña molestia era en la parte superior del pie izquierdo, esta se la achacaba a que tal vez me apreté mucho los tenis el día anterior, que tan solo corrí media hora, pero eran cosas en la que no quería pensar mucho. La molestia que si me tenía preocupado y no se la quería comunicar a nadie, era el tendón en la parte trasera de la rodilla derecha, tenía exactamente la misma sensación de cuando llegué con mi lesión en toda la rodilla en octubre, era al punto que no podía caminar correctamente y no sé cómo los demás no se daban cuenta.

Todas estas molestias entendí que tenía que comunicárselas a los demás, ya que éramos un equipo y esto no lo podía lograr yo solo sin ellos. Otro problema que tenía ese viernes era que no tenía apetito y comí solo porque tenía que hacerlo. Ya en la noche a la hora de cena me forcé a comer y los dolores del hombro y espalda estaban peor, tomé un analgésico, esperando amanecer mejor , pero creo no me hizo ningún efecto. A todo esto quería pensar que eran nervios como otras veces y que tan pronto arrancara a correr todo se arreglaría y era lo que me mantenía enfocado y haciendo todo como estaba planeado.

El equipo haciendo el plan de la carrera el día antes.
Estaba viendo el reloj ya desde las dos de la mañana, y no puedo decir que no dormí, dormí muy bien, claro, sin moverme , ya que del lado derecho no podía apoyarme, ya a las tres comenzamos con la rutina. Pararme de la cama, desayunar, todo el equipo se despertó y la pregunta obligatoria, ¿Cómo te sientes? Y yo que me prometí no mentirles, les decía todas las molestias que sentía, aunque tal vez se las minimizaba un poco. Unos masajes de calentamiento que me dio Davianty en la parte trasera de las piernas hicieron que estas se sintieran mejor y unos ejercicios que hice con el hombro también como que lo mejoraron algo, pero creo que todo era ya la adrenalina subiendo y el estar llegando la hora cero que me iban poniendo en estado de carrera. Fui a recoger mi número y chip, y tenían que pesarme de nuevo. Luego de pesarme debía volverme a poner las cosas que llevaba arriba, y debía colocar el chip en los tenis y el número en mi pantalón. Hacer estas simples tareas me dieron un trabajo inusual, me tomó un buen rato poder ponerle las chambras al pantalón y el chip al zapato y volverme a poner el sudador de las piernas fue todo un acto de equilibrio. Todo esto pensaba eran nervios o efectos del frio, ya que mis manos estaban torpes y un poco hinchadas. Seguía sin poder caminar muy bien por la molestia detrás de la rodilla derecha, pero ya estaba decidido que eso se me iba a quitar en la subida de los primeros cinco kilómetros donde todos íbamos a caminar hasta la cima.

Faltando unos diez minutos para la partida fue el momento de más tranquilidad y mejor sensación que tuve todo el día, pensé que ya estaba superando los nervios que creía tener y que todo iba a salir como todas la veces anteriores, todas las molestias iban a desaparecer e iba a poder correr, hasta que todos los dolores volvieran a aparecer, que en esta ocasión esperaba que fueran por llevar más de quince horas pasando trabajo corriendo en la mejor carrera del mundo, ese dolor sí quería tenerlo. 


Con mi esposa momentos antes de salir a correr.


La salida de WS es muy característica, sales corres tal vez cincuenta metros y comienza una subida que no termina hasta cinco kilómetros más allá, tan empinada, que la decisión general es caminarla lo más rápido que puedas y no correr ni un paso, ya que no tiene sentido si luego de esas tres millas faltan noventa y siete. Solo como referencia, la cabeza de carrera llega al tope o primera mesa de abastecimiento (5k) en unos cuarenta minutos y el grueso de la carrera entre cincuenta y cinco minutos y una hora.


En mi caminata hacia la cima, creo desapareció la molestia detrás de la rodilla derecha, pero ya no solo me dolía todo el lado derecho del cuerpo, ya también el izquierdo y la nuca, así como la espalda baja. Creía la espalda baja era por estar caminando tanto hacia arriba y por el frio, y esperaba se mejoraría tan pronto comenzara a correr. Las manos si sentía y veía se hinchaban cada vez más, quise asumir que era el frio y que también mejoraría tan pronto comenzara a correr y la temperatura subiera.


Luego de la primera mesa en la cima, hay que prácticamente escalar un murito de unos cien metros, digo escalar por lo empinado que es. Cuando trataba de subir, perdía el balance y me costó mucho poder arrancar el ascenso, cosa que no era fácil pero tampoco tan complicado que tuviera que recular tres veces porque casi pierdo el balance, ya esa fue otra señal de que algo andaba mal, además todos a mi lado lo hacían más fácil que yo.


Foto tomada por Luis Escobar y la tomé prestada de Bob Hearn, para que puedan apreciar lo que trato de explicar en el párrafo anterior.

Una vez en la cima hice lo que nos recomiendan a todos, y es que al menos pierdas medio minuto o uno completo y admires el paisaje. Estás en el punto más alto de la carrera y a un lado puedes ver todo Squaw Valley y al otro lado puedes ver parte de Lake Tahoe. Valió la pena llegar hasta allá arriba.


Ahora viene lo que por fin estaba esperando, vamos para abajo y ya se va a correr, y lo que encuentras es un sendero que solo caben tus dos pies con algunas piedras sueltas y un inclinación bastante pronunciada. Traducción, más vale que todos los ejercicios que hice para las piernas hayan hecho su trabajo y todas las horas que corrí en trillos y bajadas me sirvan de algo, porque aquí todas las pisadas son importantes si no quieres dañarlo todo en una sola de ellas y si le doy demasiado duro no quedará nada para el final. Pero aquí mismo o en al menos una milla me di cuenta que mi carrera había terminado, no tenía balance para correr, mucho menos en este camino, no controlaba las piernas ni tampoco los brazos, correr era hasta peligroso en estas condiciones en este camino, podía caerme muy fácilmente. Creo corrí tal vez un kilómetro o milla en un lugar que no había tanta inclinación y fue todo lo que pude durante el día. No pasó mucho tiempo cuando tuve el placer de dejar pasar a Gordy en un punto, pero ese placer era también la sentencia de que no iba a llegar a la meta ese día. Caminando cien millas en ese terreno no se llega en menos de treinta horas a la meta y yo no podía correr.


Duró poco mi recorrido, pero estuve donde quería estar.
Cada paso que caminaba todo iba empeorando y dentro de mí ya iba teniendo una idea qué era lo que pasaba conmigo. ¿Por qué tenía que ser hoy que estuviera de esta manera? La verdad es que cuál era el virus o enfermedad que me afectara no importaba, el hecho es que tenía algo que no me dejó disfrutar ni un poco de aquel majestuoso lugar, del cual no quería salirme y por lo que caminé hasta que ya no pude más y que de todas maneras me iban a sacar.


Explicándole al equipo médico lo que sentía.

Frustra que tanto trabajo y esfuerzo se pierda por la picada de un mosquito.
 Sí, ya de vuelta en la República Dominicana me volví a hacer análisis, con lo que odio que me saquen sangre, y solo confirmamos lo que sabíamos, ya que saliendo de la carrera fui al hotel a dormir y sudar fiebres y llegué al país con todo hinchado y lleno de pintas por todo el cuerpo.


Tercera vez que me sacaron sangre en menos de un mes. NO ME GUSTA!
Tuve una oportunidad que a pocas personas se le presentan en la vida, algo pasó que no me permitió completarla de la mejor manera, eso no quiere decir que no estoy agradecido y honrado de haberla vivido, no solo porque estuve allá, sino porque en el camino hacia ella descubrí muchas cosas que todavía no entiendo cómo soy capaz de hacerlas y eso me motiva, pero también sigo descubriendo y encontrando nuevos y verdaderos amigos que dan y se entregan sin pedir nada a cambio. Recibí el apoyo y la motivación de tanta gente que creo hasta estaba abrumado en algún momento y me desgarró no poder terminar por todos ellos, pero a la vez son la motivación que necesito para seguir tratando. Tal vez no se me presente una nueva oportunidad de correr en Western States, al menos queda el recuerdo de haber estado en el evento que siempre quise estar, pero sí habrán otras metas que lograr en mi vida. 



 JL

martes, 1 de abril de 2014

De camino a Western States Endurance Run


¨Si fuera fácil no sería atractivo¨

 
La Western States Endurance Run es considerada como la madre del ultra trail. Es como el maratón Olímpico para los maratones o el de Boston para los maratones populares y como el Ironman de Hawaii para el triatlón y la distancia Ironman.

En sus inicios era una carrera a caballo, donde los jinetes debían cumplir la ruta de cien millas desde Squaw Valley a Auburn, California, en 24 horas o menos.

En 1973, Gordy Ainsleigh tenía un caballo en tan malas condiciones que decidió desmontarse y seguir a pie para que el animal fuera más cómodo, en las subidas se agarraba de la cola del caballo para que lo halara. Terminada esa edición este señor, que nunca había corrido ni un maratón, decidió que el año siguiente la haría a pie. En 1974 no solo la hizo con sus piernas, la terminó en menos de las 24 horas por escasos minutos.
 
Gordy en 1974.
 
La primera vez que supe o leí algo sobre este evento fue casi unos veinte años atrás, y mi primera impresión fue que era algo que yo no podría hacer. Pero era de esas aventuras que me encantan y desde aquel día quedé enamorado de la carrera. Esto me hizo comenzar a investigar más sobre ella, la ultra distancia y sus eventos, pero en esa época era novicio en los andares de las correderas y todavía estaba preocupado con correr mi primer maratón. Ya pueden entender, creo no había ni corrido veinte kilómetros en mi vida y me estaban hablando de correr ciento sesenta entre montes y montañas, ¡IMPOSIBLE!

 
El punto más alto de la carrera.

 
Los años fueron pasando y los eventos también y cada año mi actitud hacia esta carrera iba cambiando. Pasó de ser algo imposible a tal vez algún día, de puede que me atreva a deja ver si esto me gusta y de repente comencé a verla como algo que definitivamente yo podía intentar hacer, entonces comenzamos con el plan maestro.

 A mediados del año 2011, por primera vez entro a la página web de Western States 100 ( www.wser.org ) con la verdadera idea de investigar qué debo hacer para participar en ella.  Lo primero que se necesitaba era haber completado alguna carrera de 50 millas en menos de once horas o una de 100 millas en el tiempo exigido por esa carrera. Esto lo veía muy bien o adecuado, ya que comenzar a entrenar, preparar y terminar una carrera de 50 millas, me iba introduciendo a la ultra distancia, como también a correr y entrenar por primera vez en montes, montañas y trillos. Anotado esto, decidí que el 2012 sería el año que dedicaría para lograr este primer punto, y la carrera que usaría estaba clara y no había ninguna discusión.


 

JFK 50 miles, era otro de esos eventos icónicos que me llamaban por lo que para allá vamos. En el camino convencí a tres amigos para que me acompañaran en esta aventura y en Noviembre del 2012 fuimos, corrimos y la terminamos. Ese año la carrera celebraba sus cincuenta años, por lo que fuimos en una edición especial.

En el JFK 50 logré hacer el tiempo por debajo de las once horas que exigía Western States para poder aplicar a participar en esta, pero el corte de los eventos elegibles para el 2013 era justo antes del JFK 50, de hecho este era el primer evento elegible para el 2014. Creo que fue mejor, ya que no tengo prisa y mi idea es correr hasta que muera, por lo que tendría otro año para seguir probando, entrenando y preparando lo que sería mi intento de correr WS100.

 En el 2013 hice otros dos eventos de ultra distancia y uno de ellos de 50 millas. Traté y logré revalidar el estándar exigido de menos de once horas, solo por si acaso, así ya todo estaba listo y solo tenía que esperar que abrieran las inscripciones a finales de Noviembre para aplicar y comenzar a rezar que la rifa me beneficiara, cosa que estadísticamente estaba muy en mi contra. Hagan ustedes mismos sus cálculos. En esta carrera solo pueden entrar cuatrocientos corredores, y aplican más de dos mil. Cien de los cupos los toma la dirección de la carrera para otorgarlos a corredores con consideraciones especiales, por lo que solo quedan trescientos para la rifa, donde si usted es una persona que ha aplicado en años anteriores y no ha sido agraciado con entrar, su nombre estará en la tómbola tantas veces usted haya aplicado, es decir, una persona que lleva cuatro años aplicando y no ha salido, su nombre estará cinco veces, una por cada año fallado más la de este año. Así hay muchas personas y yo solo estoy con un bolo en esa tómbola.


Cruce del American River durante WS100
 
Antes de llegar a la rifa, recibo la noticia de que para el año 2015 los estándares para entrar a WS100 serán diferentes. Ya no se podrá clasificar con carreras de 50 millas, solo podrán ser con las carreras de 100 millas listadas por el evento y algunas pocas de 100 kilómetros que están en  Europa, ya que allá son más comunes estas y casi no existen las de 100 millas. Eso sí, esas de 100k tendrán que ser terminadas en el tiempo del estándar, mientras que las de 100 millas en el límite que ponga cada evento específico.

En resumen, si no soy aceptado para correr WS100 2014, y si es este el evento que de verdad quiero correr, como quiera voy a tener que correr 100 millas en el 2014 y quién sabe cuántas veces más, ya que la clasificación hay que revalidarla todos los años.


En los cañones del Gold Country.
 
Con la aplicación enviada y sabiendo todas estas nuevas reglamentaciones fueron pasando los días y entre las tantas ganas de hacer este evento y también el miedo, si el miedo, de enfrentar un reto como ninguno que haya hecho antes, no sabía si rezar para que me aceptaran o quería que la lógica y las estadísticas se cumplieran para que me sacaran de este lío. Correr 24 horas, en un monte totalmente desconocido para mí, donde comenzaremos a correr cerca de los cero grados y terminaremos por los cien grados, donde las primeras millas podrían ser con el piso lleno de nieve, donde se ascenderán dieciocho mil pies y descenderán veinte y tres mil, es algo para respetar y para lo que tendré que prepararme como nunca.




 Se me olvidó comentarles que una de las consideraciones especiales es para los atletas internacionales que aplican a la carrera, ya que quieren internacionalizarla lo más posible. Días antes de realizarse la rifa, recibí un correo del director de la carrera felicitándome por haber sido elegido para participar en ella. ¨¡¿De verdad?! ¿Seguro?¨ No me lo creerán, pero algo así fue que respondí al correo. Luego cuando estaba más despierto respondí de nuevo dando las gracias.

Todavía no sé si podré hacer realidad mi sueño de terminar este evento en menos de 24 horas y poder tener mi ansiada hebilla de plata, pero no les quede la menor duda que haré todo lo posible.


 

 
#decaminoaws100 les irá informando en mis redes sociales lo que vayamos haciendo de aquí hasta que termine el evento.

 
Siempre ando detrás de una meta, pero si esta fuera fácil no me llamaría a hacer el esfuerzo de alcanzarla. ¿Será WS100 la meta tan deseada?

 

 JLM

lunes, 13 de enero de 2014

Lesión. ¿Condena o bendición?

Todos los que hacemos deportes regularmente tarde o temprano sufrimos algún tipo de lesión. Estas pueden ser de mayor o menor gravedad y ocurren por mucha carga de trabajo muy rápido, mucho estrés muscular sin la debida descarga, malas prácticas, accidentes, etc.

 En mi caso creo ya he pasado por la mayoría de las formas de lesiones descritas anteriormente y tal vez algunas otras, pero creo ha sido hasta esta última lesión, donde he tenido que recurrir al archivo mental de tantos años de práctica, estudio (lectura de artículos), investigación (conversaciones con otros atletas, doctores y personas entendidas) y por primera vez aplicar todo, o casi todo, lo que usé y no usé anteriormente y todo lo que he recomendado y hablado con tantas personas.


Sigo sin entender esto. Pero el Dr. Guzmán dijo que estaba mala mi rodilla.
Para todos es muy fácil dar la recomendación adecuada y correcta, pero cuando nos toca aplicarla a nosotros mismos, no es tan fácil. Como el doctor que nos recomienda dejar de fumar por lo dañino que es, pero él fuma. Yo he hecho igual. He dado la recomendación adecuada y perfecta a amigos, pero cuando toca aplicarla a mí mismo no hago lo más adecuado.
Por ejemplo, las únicas veces que había ido a un doctor por alguna lesión, fue en los caso de roturas de huesos por accidentes ya que era inevitable, pero por dolores musculares y en todos esos otros dolores que sufren los corredores, nunca. Llevo años, más en los últimos dos años, convencido y diciendo que debo ir a un gimnasio a fortalecer mi cuerpo, pero siempre tengo una excusa o pasa algo y nunca paso por allá.



Lo evité por años, pero creo ya estoy condenado a él de por vida.
 ¿Cuál es el motivo que por fin logra que hagamos lo que tenemos que hacer? Como decimos regularmente, ponemos el candado después que nos roban.
 En el caso de accidentes donde hay una fractura, no tuve opción, tenía que ir al doctor para que me sanara. Pero por ejemplo después de varios años corriendo y muchas carreras y maratones completados, no fue hasta el años 2002, un mes antes de participar en el maratón que correría ese años, que por primera vez decidí ir a darme un masaje. No fue porque quise, fue porque venía con dolores en las piernas y hasta que un día no pude dar el primer paso para arrancar a correr no lo hice. Tenía tanto ácido láctico acumulado en las piernas, que el dolor era insoportable al punto que la fisioterapeuta que me atendió, tenía miedo en principio de darme un masaje profundo, por lo que comenzó aflojando un poco y me hizo prometer no hacer nada hasta que volviera a otra sesión dos días después.

 Desde aquella vez utilizo los masajes como parte de mi rutina de entrenamientos, porque sencillamente me di cuenta del beneficio que representa, no solo para mantenernos libres de lesiones, sino que también ayudan al rendimiento en la actividad y el evento que tengamos planeados realizar.
¿Pero por qué llegar a ese punto? Yo creo porque siempre creemos que nosotros no lo vamos a necesitar o lo minimizamos hasta que lo probamos.
¿Qué hace que por fin nos decidamos hacer lo que debimos haber hecho? El deseo y las ganas de hacer algo.


¿Receta del Dr. o de Davianty?
Desde aquel 2002 y gracias a los masajes, el hielo, la hidratación, un plan elaborado para mis pretensiones y posibilidades y mucho sentido común, no tuve lesiones. Claro que tuve los pequeños dolores regulares del esfuerzo que hacemos y la edad que tengo, pero que sencillamente se van trabajando con todo lo que mencioné. Eso cambió con mis últimos dos eventos del año pasado.

Probar, observar aprender, corregir, volver a probar, etc. Creo eso me lo dijeron en el colegio, parece el método científico. Bueno es algo que yo hago mucho conmigo mismo. Por los últimos dos años he comenzado a subir la cantidad de kilómetros que corro, y cada vez busco correr algo más, he ido superando pruebas, pero la última que hice me dijo que si quiero seguir un poco más allá tendré que hacer ajustes.

En la penúltima carrera del año 2013, cuando pasé los cincuenta kilómetros comencé a sentir molestias en las rodillas, pude terminar porque no pasó a mayores. Esto no pasó en la anterior que había hecho de la misma distancia el año anterior, porque la ruta o terreno donde se corría era diferente y no habían los desniveles negativos (bajadas) en la parte final de la carrera, lo que no me alertó de este problema. A pesar del pequeño problema que enfrenté en ese evento, decidí probarme de nuevo en otra carrera al mes siguiente. Se puede decir que la lesión prácticamente fue buscada, tal vez inconscientemente, ya que iba a un evento mucho más duro y sabiendo que no había tenido la recuperación adecuada, ni había tenido tiempo para hacer todo lo que ya sabía tenía que hacer y habían muchos indicadores diciendo que estaba mal. Pasó lo que tenía que pasar, no pude terminar, ya que el dolor fue tan grande que no me permitía acelerar para romper las barreras de tiempo puestas por el evento.

 Hoy, creo puedo decir que la lesión fue una bendición. El deseo de lograr una meta, quizás la meta de mis sueños, para la cual he venido trabajando estos últimos años, hicieron que abriera mis ojos y dejara de estar solo pensado y mejor comenzara a actuar. Haber caminado todos esos kilómetros y horas en el último evento del 2013, me sirvieron para pensar mucho y en ese mismo momento el plan fue concebido.
Tan pronto llegué al país de aquella carrera, cumplí con todo el protocolo que una lesión necesitaba y se elaboró y desarrolló un plan con miras a alcanzar la meta deseada. Varias visitas al fisiatra, una resonancia magnética, una ronda de antiinflamatorios, muchas sesiones de terapia, hielo diario, TODOS LOS DIAS SIN FALTA, un plan de trabajo de fortalecimiento me sanaron en ese momento.

Pero más importante, luego de sanar voy al gimnasio dos veces por semana sin falta y son los días más importantes de plan de entrenamiento... bueno junto con la corrida más larga de la(s) semana.