lunes, 18 de agosto de 2014

Pico Duarte expreso.



“Salimos mañana a las 6:00 p.m. hacia la Ciénaga, nos paramos a cenar en Jarabacoa, el sábado nos despertamos a eso de las 4:00 a.m., a ver si arrancamos a correr a las 5:00 a.m., subimos, bajamos y regresamos a Santo Domingo.”

 Hace dos años subí por primera vez el Pico Duarte. En aquella oportunidad se hizo de la manera que la mayoría de las veces se hace, es decir, llegas jueves a la Ciénaga, ahí se duerme, viernes sales temprano hacia Compartición, ese día duermes allá, sábado subes al Pico y vuelves a bajar a Compartición y el domingo bajas a la Ciénaga para el retorno a Santo Domingo.

Desde aquel momento quería intentar hacerlo en un día, pero muchas cosas se iban interponiendo en el camino y no acababa de ir.

 Subir y bajar el Pico Duarte en tres y dos días es una experiencia lindísima y demandante, no me mal entiendan, ni tampoco vayan a creer que la decisión o las ganas de querer hacerlo en un día es algo que tomé a la ligera y sin respetar el reto. Tampoco vayan a creer que es algo que se me ocurrió a mí por primera vez, ya muchas personas lo han hecho, entre ellos varios amigos míos. Pero es de esos retos que uno se pone en la vida, como querer correr tus primeros 10k, el primer maratón, etc. Además de que para los que nos gusta correr en el monte es un entrenamiento excelente.

Después de muchas fechas previstas para ir a hacerlo que se iban cancelando, por fin el pasado fin de semana se dieron las condiciones y sin pensarlo mucho en cuestión de horas se armó un viaje y nos fuimos. Varias personas querían ir, algunos no pudieron y al final Thais, Daniel y yo fuimos los únicos que hicimos el viaje.

 “Daniel, nos vamos a parar en Jarabacoa a cenar, ahí nos juntamos y seguimos para la Ciénaga” 

 Daniel es un amigo Colombiano que vive en Jarabacoa, creo ya conoce el Pico más que Duarte, tan pronto le dijimos que íbamos para allá, canceló todo lo que tenía y se apuntó con nosotros.

 Una nota al margen y para que conste en el acta. ¿Qué creen que cenamos?  Pizza por supuesto.




 Salimos un poco tarde de Santo Domingo, eso hizo que nuestra llegada a la Ciénaga se produjera hasta casi las doce de la media noche. Nos hubiera gustado llegar un poco antes, solo para dormir y descansar alguito más, pero total, en la Ciénaga solo vas a dormir, no encontrarás muchas cosas que hacer, además, solo estaba el cuidador del parque cuando llegamos. Arreglamos lo poco que teníamos que preparar para el otro día. Nuestras mochilas con la comida, hidratación y ropa necesaria para el viaje, preparamos nuestras camas y a dormir.

 La experiencia de dormir en la Ciénaga me encanta, pero la experiencia de ir una vez, y otra, te va enseñando qué necesitas para hacerla más placentera. La primera vez que dormí allá solo tenía mi sleeping bag. Me gustan las camas duras, pero el piso después de un rato se va poniendo más duro de la cuenta. Esta vez llevé un pequeño colchón, que junto al sleeping bag, el aire acondicionado central del lugar, el sonido del río que tienes junto a tu cama y el desayuno servido en la cama, parecería que Travelwise organizó el viaje, por lo bien y cómodo que dormí.


Habitación de lujo.

Nos despertamos a las cuatro de la mañana, desayuno en la cama, vestirnos, recoger, baño y a las cinco y quince comenzamos nuestro viaje.

 Desde la Ciénaga a los Tablones encuentras el tipo de camino soñado de cualquier corredor, tiene una pequeña inclinación y algunos repechitos, el piso es tierra mayormente, a esa hora oscuro, con tu linterna y el fresquito de la mañana, quisieras que nunca termine, pero eso dura muy poco, son unos cuatro a cinco kilómetros y ya en más o menos media hora hemos terminado. De Tablones al Alto de la Cotorra ya todo es subida y el terreno cambia drásticamente. En esta oportunidad lo que encontramos fue casi todo arena floja, ya que están haciendo unos trabajos de acondicionamiento del camino. Cuando digo arena floja, es que se te hundían los pies en ella. Lo bonito de correr o caminar en monte y montañas, es que el camino que hiciste ayer, lo puedes encontrar completamente diferente mañana, hoy es arena, mañana piedras, pasado lodo o hasta puede convertirse en un riachuelo. En esta ocasión fue arena en este tramo. De ahí hasta la Laguna estaba como más o menos siempre lo he visto, siempre con algo de piedras, peeeeero de Laguna hasta Compartición, eso es pasando EL Cruce y Agüita Fría, la cantidad de piedras sueltas que encontramos, al menos yo nunca la había visto así. Entiendan que esta es solamente la tercera vez que voy al Pico.


Amanecer mientras subíamos.


Como la subida es tan empinada no te das cuenta qué tantas y sueltas están las piedras. Mientras subes solo vas sufriendo, sudando, respirando hondo y tratando de entender por qué se te ocurrió inventar venir a esto o haberte dejado engañar a subir al Pico. No es en vano que desde el Cruce hasta Agüita Fría esta subida lleva el sobre nombre del Arrepentimiento.
Ya pasada Agüita Fría que tienes que bajar la conocida Vela hasta Compartición, es que de verdad me doy cuenta de lo sueltas y muchas piedras que este día nos tiene. Queríamos aprovechar todas las bajadas para apresurar el paso, pero hacerlo era casi una locura, ya que podíamos causarnos algún accidente. No sé cuántas veces me doble los tobillos. Por esto optamos por sencillamente ser cautelosos y no arriesgar.

 Las dos veces que había venido, fue como ya les expliqué. Un primer día de caminata que subimos hasta Compartición y ahí nos quedábamos a descansar hasta el otro día, por lo que aquí entraba en la experiencia desconocida que este día venía a vivir. Al principio de este camino hay un trillito corto, tal vez de un kilómetro, de lo más cómodo y corrible que presenta todo el camino. Es bastante estrecho y tiene unos pajones a sus dos costados casi todo el trayecto. Estaban bien tupidos, y el roce de ellos por mis canillas iba haciendo que el ardor fuera subiendo. Creo voy a presentar mi queja con el director del parque para que le llame la atención al jardinero que no está haciendo su trabajo de podarlos correctamente.

Terminado este corto trillo comienza el ascenso hacia el Valle de Lilís. Una cosa es despertarte descansado en Compartición, desayunar bien, y luego partir hacia el Pico, y otra es que hagas esta subida directo desde La Ciénaga. Está claro que no fue una sorpresa que iba a ser tan dura en esta oportunidad, pero de verdad la sufrí bastante.

Creo no les había dicho que a Daniel le vi la espalda por última vez cuando íbamos corriendo hacia los Tablones y creo en algún lugar él tomó el teleférico que te lleva a la cima del Pico, yo no lo encontré. Les digo esto ahora, porque comenzando nosotros a subir esta loma ya él venía bajando. ¡Bárbaro!, subió en cuatro horas y veintiocho minutos. Cuando sea grande quiero ser como él. Lo felicitamos cuando nos cruzamos y seguimos nuestro camino.



Daniel en la cima.
Una vez en Lilís, tuve la oportunidad de sentarme y respirar un par de minutos en lo que Thais llegaba. La pena fue que llegó muy rápido. Les dije que me dio duro esta loma ¿verdad? De aquí a la cima del Pico son los mismos 1.2 kilómetros de siempre, pero esta vez parecieron cinco. Yo la verdad iba en el camino “casi” seguro que era el correcto, porque no hay otro, pero hasta creí que en vez de a Duarte iba a encontrar a Sánchez o a Mella en la cima de este Pico.


Así me encontró Thais cuando llegó al Valle de Lilís.

Por fin llegamos, y como siempre, es tan agradable estar en esta cima y tan lindo el lugar, que hace que se nos olvide por un momento lo que hemos sufrido. De las veces que subí, nunca me había dado cuenta que Duarte no tiene piernas. Venía subiendo esperando que él me prestara las suyas para yo poder bajar. Si no lo recordaban, tenemos que bajar todo de nuevo y por el mismito camino. Pero antes déjenme descansar y almorzar.














 Luego del merecido descanso comenzamos a descender. En teoría debes bajar mucho más rápido de lo que subes, pero esa teoría quiero se la expliquen a las piernas y el cuerpo que ya está cansado. Sí bajamos bastante bien hasta Compartición, considerando el cansancio, pero tuvimos nuestro respiro de veinte minutos antes de hacerlo, aun así al llegar a Compartición veníamos bastante calientes y la sed que teníamos nos decía que no nos habíamos hidratado bien durante el día. Aprovechamos para rellenar las botellas de agua y de paso me tomé 60 onzas creo de uno o dos tragos. Recuerdan los pajones, sí, esos que hacían que me ardieran las piernas, los pasamos de nuevo. Agua fría en las canillitas me pusieron muy contento.

La primera vez que viene al Pico estuve en una charla donde nos explicaban que este es un parque nacional y debemos cuidarlo y no sacar nada de él. Pido excusas públicamente, porque tres bichos salieron conmigo cuando me fui de allá, me los tragué mientras bajaba.

 El tercer día de un viaje normal al Pico, como les conté al principio, es partiendo de Compartición hacia la Ciénaga, donde decimos que es bajando, porque la única subida del día es con la que comienza el camino y es la conocida como La Vela. Esta señora, bien descansado, bien alimentado y fresquecito es bastante manejable, en esta oportunidad creo le agregaron muchos kilómetros y le pusieron la pendiente más inclinada. En realidad creo se hizo una remodelación en el Pico y nadie me informó, porque todo estaba más largo y más duro. La esperanza y la “suerte” era que completada esta, desde Agüita Fría, es todo para abajo y mi recuerdo de este camino es bajando corriendo y brincando obstáculos y gozando hasta llegar abajo.

Mejor ni pregunten, con el cansancio y como estaba el camino, no sé las piernas de ustedes, pero las mías no querían correr. En realidad no eran solo las piernas, era la parte cuerda que me queda en el cerebro, que me decía claramente que era mejor llegar unos minutos más tarde abajo que romperme un hueso, un diente o la cabeza, por lo que en un punto desistimos de querer apretar el paso y caminamos lo mejor que se podía.

Ya pasado el Cruce y casi llegando a La Laguna sí se podía avanzar un poco más rápido y una vez en la Cotorra se podía correr, pero enterrando los pies en la arena que había, cosa que hizo se nos llenaran los tenis de arena y cometiera el segundo error del día. No me saqué la arena de los tenis al llegar a Los Tablones, y en la corridita final hasta la Ciénaga eso hizo que la abrasión de la arena entre los dedos y en los talones, me sacaran las ampollas que nunca había tenido en mis pies.


Desde que pasamos El Cruce, en mi cabeza habían dos cosas, el baño sentado en el rio y un hamburguer. Llegamos a La Ciénaga y Daniel nos recibió con la cara de felicidad de quien ya se bañó, descansó y se comió un plato de arroz, habichuelas y pollo guisado. Nosotros solo queríamos meternos en ese rio y comer algo salado. Todo lo que habíamos comido en el día era dulce, pero unos platanitos en el primer colmado que encontramos después de bañarnos resolvieron ese problema. Además nos aguantaban el estómago hasta llegar al hamburguer en Jarabacoa.



Salimos de Santo Domingo el viernes a las 7:00 p.m. y ya estábamos de regreso el sábado a las 9:30 p.m.


Me duelen los músculos de las piernas, también los tendones de los tobillos, algunos dedos de los pies están en carne viva y estoy caminando medio raro, pero no me cambio por nadie.



JLM


Algunos datos adicionales.


-La distancia de la Ciénaga a la cima del Pico es de 22.55 kilómetros.

-El Pico Duarte es el punto más alto de todo el Caribe a unos 3,087 metros sobre el nivel del mar.


Alimentación del día.


Desayuno: Un bagle pequeño con mantequilla de maní y mermelada de guayaba y un Gatorade de uva de 20 onzas.

En el camino: cinco geles energéticos, un paquete de gomitas energéticas, cinco pastillas de sal, 20 onzas de Gatorade y aproximadamente 250 onzas de agua.

El almuerzo en la cima: Otro bagle pequeño con mantequilla de maní y mermelada.


*El primer error del día, fue la poca hidratación. En dos ocasiones tenía una sed insoportable, cosa que ya es mala señal. Para otro asalto contra el Pico, aumentaría al doble todo lo que consumí, además de llevar algo salado para comer y cambiarle lo dulce al paladar.


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