lunes, 13 de enero de 2014

Lesión. ¿Condena o bendición?

Todos los que hacemos deportes regularmente tarde o temprano sufrimos algún tipo de lesión. Estas pueden ser de mayor o menor gravedad y ocurren por mucha carga de trabajo muy rápido, mucho estrés muscular sin la debida descarga, malas prácticas, accidentes, etc.

 En mi caso creo ya he pasado por la mayoría de las formas de lesiones descritas anteriormente y tal vez algunas otras, pero creo ha sido hasta esta última lesión, donde he tenido que recurrir al archivo mental de tantos años de práctica, estudio (lectura de artículos), investigación (conversaciones con otros atletas, doctores y personas entendidas) y por primera vez aplicar todo, o casi todo, lo que usé y no usé anteriormente y todo lo que he recomendado y hablado con tantas personas.


Sigo sin entender esto. Pero el Dr. Guzmán dijo que estaba mala mi rodilla.
Para todos es muy fácil dar la recomendación adecuada y correcta, pero cuando nos toca aplicarla a nosotros mismos, no es tan fácil. Como el doctor que nos recomienda dejar de fumar por lo dañino que es, pero él fuma. Yo he hecho igual. He dado la recomendación adecuada y perfecta a amigos, pero cuando toca aplicarla a mí mismo no hago lo más adecuado.
Por ejemplo, las únicas veces que había ido a un doctor por alguna lesión, fue en los caso de roturas de huesos por accidentes ya que era inevitable, pero por dolores musculares y en todos esos otros dolores que sufren los corredores, nunca. Llevo años, más en los últimos dos años, convencido y diciendo que debo ir a un gimnasio a fortalecer mi cuerpo, pero siempre tengo una excusa o pasa algo y nunca paso por allá.



Lo evité por años, pero creo ya estoy condenado a él de por vida.
 ¿Cuál es el motivo que por fin logra que hagamos lo que tenemos que hacer? Como decimos regularmente, ponemos el candado después que nos roban.
 En el caso de accidentes donde hay una fractura, no tuve opción, tenía que ir al doctor para que me sanara. Pero por ejemplo después de varios años corriendo y muchas carreras y maratones completados, no fue hasta el años 2002, un mes antes de participar en el maratón que correría ese años, que por primera vez decidí ir a darme un masaje. No fue porque quise, fue porque venía con dolores en las piernas y hasta que un día no pude dar el primer paso para arrancar a correr no lo hice. Tenía tanto ácido láctico acumulado en las piernas, que el dolor era insoportable al punto que la fisioterapeuta que me atendió, tenía miedo en principio de darme un masaje profundo, por lo que comenzó aflojando un poco y me hizo prometer no hacer nada hasta que volviera a otra sesión dos días después.

 Desde aquella vez utilizo los masajes como parte de mi rutina de entrenamientos, porque sencillamente me di cuenta del beneficio que representa, no solo para mantenernos libres de lesiones, sino que también ayudan al rendimiento en la actividad y el evento que tengamos planeados realizar.
¿Pero por qué llegar a ese punto? Yo creo porque siempre creemos que nosotros no lo vamos a necesitar o lo minimizamos hasta que lo probamos.
¿Qué hace que por fin nos decidamos hacer lo que debimos haber hecho? El deseo y las ganas de hacer algo.


¿Receta del Dr. o de Davianty?
Desde aquel 2002 y gracias a los masajes, el hielo, la hidratación, un plan elaborado para mis pretensiones y posibilidades y mucho sentido común, no tuve lesiones. Claro que tuve los pequeños dolores regulares del esfuerzo que hacemos y la edad que tengo, pero que sencillamente se van trabajando con todo lo que mencioné. Eso cambió con mis últimos dos eventos del año pasado.

Probar, observar aprender, corregir, volver a probar, etc. Creo eso me lo dijeron en el colegio, parece el método científico. Bueno es algo que yo hago mucho conmigo mismo. Por los últimos dos años he comenzado a subir la cantidad de kilómetros que corro, y cada vez busco correr algo más, he ido superando pruebas, pero la última que hice me dijo que si quiero seguir un poco más allá tendré que hacer ajustes.

En la penúltima carrera del año 2013, cuando pasé los cincuenta kilómetros comencé a sentir molestias en las rodillas, pude terminar porque no pasó a mayores. Esto no pasó en la anterior que había hecho de la misma distancia el año anterior, porque la ruta o terreno donde se corría era diferente y no habían los desniveles negativos (bajadas) en la parte final de la carrera, lo que no me alertó de este problema. A pesar del pequeño problema que enfrenté en ese evento, decidí probarme de nuevo en otra carrera al mes siguiente. Se puede decir que la lesión prácticamente fue buscada, tal vez inconscientemente, ya que iba a un evento mucho más duro y sabiendo que no había tenido la recuperación adecuada, ni había tenido tiempo para hacer todo lo que ya sabía tenía que hacer y habían muchos indicadores diciendo que estaba mal. Pasó lo que tenía que pasar, no pude terminar, ya que el dolor fue tan grande que no me permitía acelerar para romper las barreras de tiempo puestas por el evento.

 Hoy, creo puedo decir que la lesión fue una bendición. El deseo de lograr una meta, quizás la meta de mis sueños, para la cual he venido trabajando estos últimos años, hicieron que abriera mis ojos y dejara de estar solo pensado y mejor comenzara a actuar. Haber caminado todos esos kilómetros y horas en el último evento del 2013, me sirvieron para pensar mucho y en ese mismo momento el plan fue concebido.
Tan pronto llegué al país de aquella carrera, cumplí con todo el protocolo que una lesión necesitaba y se elaboró y desarrolló un plan con miras a alcanzar la meta deseada. Varias visitas al fisiatra, una resonancia magnética, una ronda de antiinflamatorios, muchas sesiones de terapia, hielo diario, TODOS LOS DIAS SIN FALTA, un plan de trabajo de fortalecimiento me sanaron en ese momento.

Pero más importante, luego de sanar voy al gimnasio dos veces por semana sin falta y son los días más importantes de plan de entrenamiento... bueno junto con la corrida más larga de la(s) semana.


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