lunes, 23 de marzo de 2015

Corriendo asustado.



Son casi las doce de medio día y entre el cansancio, el calor y el sol ya no sé qué quiero hacer, seguir corriendo, caminando o montarme en el primer vehículo que me pase por el lado para llegar a mi destino. "Qué suerte, mira una camionetica que le puedo pedir una bola para llegar al final. No, ya solo faltan menos de medio kilómetro, para qué te vas a montar, termina, que fue a esto que viniste"

El pasado mes de noviembre, me encontraba corriendo en el Higüero, ya me faltaba muy poco para terminar, cuando como por arte de magia tenía tres individuos rodeándome, literalmente arriba de mi, con dos pistolas apuntadas a mi cabeza y todos tratando de revisarme para tomar cualquier cosa de valor para ellos. Uno casi bajándome los pantalones, el otro metiendo la mano en la mochila y todos gritándome que les diera todo lo que tenía. Yo solo atinaba a decir que no tenía nada, que andaba corriendo, solo me quedaba un poco de agua. Tan pronto uno encontró el celular con el que andaba, gritó “aquí está la máquina”, entonces me ordenaban que me metiera al monte, a lo que les dije que sin ningún problema y procedí a hacerlo. Ellos emprendieron la huida, los vi montarse en la camioneta que hacía unos segundos me había pasado por el lado, donde iban dos delincuentes más, entonces pude entender cómo fue toda la operación.
Todo esto sucedió tan rápido, que combinado con el cansancio que ya tenía, les juro que cuando les dije que no llevaba nada conmigo, ni me acordaba tenía el celular.

Hoy domingo corría por la avenida Bolívar a eso de las 11:30 a.m., casi frente al colegio la Salle, me doy cuenta que un individuo sentado en una motocicleta negra, que está parado frente a un carro, me está apuntando con una pistola y me está dando algunas instrucciones que no oigo. Yo sigo mi carrera y cuando le paso por el lado escucho que me pide todo lo que tenga, a lo que respondo que solo llevo agua, que si él la quiere, él insiste que le dé el celular y le digo que no tengo más nada, lo que en esta ocasión si era verdad. Mientras todo esto pasa, nunca paro de correr y como es una vía donde los carros están pasando, él guarda el arma y se marcha lo más pronto posible.

No soy experto en estadísticas, pero sí tuve que tomar dos cursos de ellas en la universidad, y creo recuerdo que algo anormal o muy anormal, no pude suceder muy a menudo. Diez millones de habitantes, que en menos de seis meses  asalten a punta de pistola a una misma persona, creo debe de ser una anomalía en un mundo donde hay cierto orden. Parece entonces que esto es normal.

No lo digo por decirlo, ni relajando, ni sarcásticamente. Dos veces en menos de cinco meses me han asaltado a mí, pero tengo años escuchando que asaltan a compañeros corredores en el parque Mirador Sur, en horas que hay mucha gente haciendo ejercicio, así como en horas que no las hay, asaltan a grupos de corredores corriendo alrededor del parque botánico, es más, una madrugada, entre noviembre y ayer, bajaba corriendo por la avenida Winston Churchill, cuando un joven en un carro se ponía a mi lado advirtiéndome que estaban asaltando, que él acababa de rescatar a otra corredora en el acto.

Es decir, que no es cuestión de andar en grupos, solos, ir al Parque Mirador, etc. es que nos están asaltando donde quiera, cuando sea y como sea.
Es más, cuando escribo esto en mis redes sociales, y muy probablemente en este blog, solo llega el mensaje a amigos corredores o creen que es un mal para los corredores, cuando nosotros tal vez solo andamos en las calles a pie cuando salimos a correr, el resto del tiempo andamos en nuestros vehículos con los vidrios cerrados y las puertas con pestillos. ¿Qué sucede con aquellos que su vida es andar caminando por las calles porque no tienen un vehículo? Los asaltan más que a nosotros.

Sigo con las estadísticas, ya que creo no las entendí muy bien, por favor me las explican. ¿Qué significa que a cinco miembros de mi familia las hayan asaltado de maneras muy parecidas a las mías en un período menor de dos años? Que a un circulo tan pequeño le ocurra esto en tan poco tiempo, a mí me dice que mis estadísticas no están fallando, en nuestro país hay un serio problema y parece a nadie le importa.

Luego de sufrir ese primer atraco en el Higüero, el grupo con el que regularmente corro allá nos preguntábamos qué hacer. Siempre decimos lo mismo, no andar solos, pero en ese mismo lugar, esos mismos delincuentes, creo la semana antes, habían asaltado a un grupo de mountain bikers. Entonces no es cuestión de andar solos o en grupo. Lo de dónde correr ni lo tocamos, porque es en todas partes que te asaltan. Yo solo le pedí a mi grupo que si por casualidad andábamos juntos cuando me volvieran asaltar, creyendo que nunca más pasaría, que por favor guardaran la calma y entregaran todo lo que tenían, porque honestamente creo que alterarse o querer pelear sería mucho peor, además que los delincuentes son los que tienen las armas y yo no corro con una, pero además imagínese usted corriendo con un arma. Pero no pensemos en que estamos corriendo, porque como ya dije, este no es un problema de solo cuando usted anda corriendo. Tome cualquier día de su vida donde usted se vaya a montar en el carro y vengan a asaltarlo y usted, que anda armado, trate de sacar el arma, si ellos ya tienen la de ellos fuera y son más que usted. No creo llegues ni a tocarla cuando ya estarás muerto.
Otra cosa que se me ocurrió ese día fue que por lo menos tengamos algo para que ellos tengan para llevarse y no se incomoden y te vayan a dar una paliza. No me imagino qué hubiera pasado conmigo aquel día en el Higüero de no haber aparecido ese celular, estábamos solos en un lugar desértico. Hoy no era mucho problema porque estábamos en una vía transitada y el ladrón no podía quedarse estático mucho tiempo.
Lo que hago en estos momentos es llevar un celular prácticamente desechable, solo cuando voy al monte, que es por seguridad, ya que puedo sufrir un accidente y lo necesitaría para llamar por ayuda. Cuando corro por la ciudad nunca ando con celular, soy de los antiguos corredores que comenzamos cuando este artefacto ni las redes sociales existían. También es bueno llevar algún menudo, que lo llevo para comprar agua o Gatorade cuando se me acaba, pero serviría para darle algo a los delincuentes y evitar un culatazo, galletón o trompón.

Ahora quiero complicarles más el mundo a todos ustedes y hacerles dos preguntas. 

¿Podemos acudir a la policía a denunciar el hecho y si ellos atrapan a los delincuentes iremos a identificarlos y poner la querella?

¿Hay autoridades en nuestro país que la mayoría de los dominicanos consideremos fiables y serias?

Vivimos en una sociedad donde el respeto a lo ajeno hace años se perdió, donde solo queremos que las leyes y reglas sean aplicadas a los demás pero no a nosotros.

República Dominicana la están asaltando desde adentro y somos los mismos dominicanos que lo estamos haciendo. 




JLM

3 comentarios:

  1. Amigo mio.....que pena esto que te ha ocurrido.......que fuerte....y que asco!! Hace dos semanas me sente con mis hijos para decirles que deseaba consideraran irde del país una vez terminen el colegio. Ya la RD de salir a pasear, montar chichigua en el Mirador un sábado por la tarde, hacer un pic-nic, o ir en bici a casa de algún amigo pasó hace tiempo. Estamos confinados a un parqueo, a un parque cuasi militarizado, a ejercitarnos caminando dentro de los centros comerciales.No sé qué sugerirte, más que no dejes de correr y cuídate. Fuerte abrazo. Julio.-

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  2. Es terrible ver como cada día esto esta peor, yo vivo atemorizada. He sido atracada en cinco ocasiones, dos de ellas andaba con mi hijo al que apuntaban con un cuchillo.
    Antes era partidaria de que este era el mejor país del mundo, pero mi opinión cambio de manera radical. Odio esta situación, cada día tengo temor de que me atraquen y no por el hecho de que me puedan quitar algo material, sino de que me puedan hacer algún daño o matarme.

    Ya no hay seguridad en ningún lugar, hasta en los bares y discotecas hay personas en su mayoría mujeres, que ubican a algún personaje que este gastando mucho y como dicen por ahí (Venden el santo) asi a la salida lo ubican y le roban.

    Vivimos cada día en una amarga incertidumbre de si estamos al asecho de algunos de estos desaprensivas basuras sociales.

    Dios nos ampare, porque en la mayoría de los casos los policías saben quienes son los azotes en diferentes zonas. Pero hasta eso es un negocio.

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  3. Hay un elemento común que estos asaltantes van a reconocer en los corredores y los ciclistas: en casi todos los casos quien corre o monta bicicleta se acompaña de un celular inteligente que le ayuda con su progreso y ubicación. Este es un atractivo para esos delincuentes, ya que los corredores normalmente suelen separarse del grupo y por igual quienes montan las bicicletas, estos últimos con el atractivo agregado de tener una bicicleta cuyo valor siempre superará los diez mil pesos. Triste realidad a la que nos enfrentamos en República Dominicana.

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